domingo, 24 de febrero de 2013

Salvador Victoria, el mayordomo fiel de Ignacio González




En circunstancias normales y en un país serio un tipo como el que hoy traemos aquí, Salvador Victoria Bolivar, no sería noticia ni en la hoja parroquial de su barrio, entre otros motivos porque difícilmente ocuparía el puesto de Consejero en un Gobierno regional.

De hecho, sí en su trayectoria profesional no se hubiera cruzado con los inquilinos genoveses de la Puerta del Sol, el susodicho a lo sumo estaría ahora resolviendo recursos de alzada en un aburrido despacho de los servicios jurídicos de la CAM y de rebote su mujer mujer mataría el rato haciendo ganchillo y no como Consejera de uno de los muchos chiringuitos con dietas que se crearon en torno a la hoy intervenida Bankia, anteriormente Caja Madrid.

Y es que Salvador Victoria Bolivar , a los treinta años, con poco mas de 12 meses de vida laboral, se subió al tren genovés y durante 15 años, puesto a puesto, reverencia a reverencia, ha ido saltando en el escalafón hasta llegar a su actual puesto de Consejero de Presidencia, Justicia y Portavoz del sospechoso habitual, Ignacio González.

Un breve repaso por su curriculum ayuda a entender el modus operandi y el perfil de un prototipo de genovés que con la llegada de la derecha a la Comunidad de Madrid se han ido incrustando en las instituciones regionales con mujer incluida.Son aquellos que entraron de la mano de Ruiz Gallardón, continuaron con la Sra. Condesa y hoy rinden pleitesía a Ignacio Gonzalez.

Han seguido una ruta de manual editada en la imprenta genovesa. Tras aprobar unas oposiciones autonómicas, recién llegado los genoveses al Gobierno regional, apenas tiene tiempo para tomar posesión y ya son reclamados sus servicios para ocupar puestos de mayor rango del que cualquier otro funcionario con mucho mas trienios y conocimientos pudiera ocupar. Allí apenas está dos años y sus servicios son reclamados por el inefable Ángel Ácebes, por aquel entonces Ministro de Justicia. Continua con el nuevo titular, José María Michavila durante unos meses y es entonces cuando da el gran salto al circulo de confianza de la pareja Aguirre & González. Tras el tamayazo pasa a se asesor de los genoveses en la Asamblea de Madrid para  poco después y hasta las elecciones autonómicas de 2011 Viceconsejero de Vicepresidencia, Secretario General del Consejo de Gobierno  y desde el 2009 Diputado autonómico

En el 2011, tras un sorteo rutinario de la tómbola genovesa es agraciado con la Consejería de Asuntos Sociales para un año después pasar al puesto que ocupa en la actualidad.Hasta aquí sus quince años de servicios prestados a la causa genovesa.

Pero hoy Salvador Victoria no está aquí con todos vosotros para que nos deleite con su currículum genovés. Hoy viene porque se lo ha ganado a pulso. Y no es para menos. Sus declaraciones sobre la manifestación celebrada ayer en Madrid convocada por numerosos colectivos contrarios a las políticas de su superior jerárquico Rajoy pasarán a la pequeña historia de cómo  entienden los genoveses el derecho de manifestación. 

Y es que sus declaraciones no es que sean desafortunadas que lo son. No es que sean  casposas que también lo son. Lo peor es que son reflejo de como se las gastan una generación de dirigentes genoveses que se concentran en la CAM que al igual que Cristina Cifuentes o el propio Gonzalez, mezclan los derechos constitucionales con su ideología ultraconservadora.

Y el hecho cierto es que hoy, lejos de dimitir o ser cesado,  Salvador Victoria continúa de Consejero. Esa es la cuestión. Y no es, como diría un conocido autogurú de la comunicación, un bulo sin fundamento. 

1 comentario:

  1. Para que el clan te enchufe basta salivar mucho y tener una lengua lo suficientemente ancha como para abarcar, de un sólo lametón, las nalgas del superior o superiora.
    Es tan repugnante y obsceno, que al espectador no le queda más que permanecer mudo de rabia y perplejidad o inventarse las palabras capaces de describir el panorama. Los adjetivos se van quedando insuficientes, mientras que el descaro de la sinvergonzonería crece sin parar.

    ResponderEliminar